1 de noviembre de 2011

EN EL DESIERTO, APUESTA AL NEGRO


Seguro que se han fijado alguna vez en el color de las casas de los pueblos del sur de España. Todas son de un blanco resplandeciente, y no es por casualidad, los muros blancos se calientan menos que los oscuros porque permite reflejar la mayor parte de la luz solar. Si los pueblos Andaluces tuvieran sus casas pintadas de colores oscuros, gran parte de la radiación solar sería absorbida y refrigerar su interior sería mucho más complicado. De ahí la tradición de encalar las fachadas de las casas, aunque muchos habitantes ni siquiera sepan el verdadero origen de tal tradición.
Pueblo de Casares (España)
Teniendo esto en cuenta, resulta paradójico que las vestiduras de los ciudadanos de los países árabes, que en su mayoría se encuentran en latitudes más bajas que España, luzcan de negro. ¿Es posible que el negro sea más fresco en un desierto? A primera vista, lo lógico sería vestir de blanco pues la ropa se calentaría menos bajo un sol abrasador. Solo tienen que observar el color de su propia ropa de verano para comprobar que son principalmente colores claros.

Sin embargo, cuando el calor del aire exterior supera la barrera de la temperatura corporal (37ºC), la ropa negra permite una mejor refrigeración. Veamos por qué:

Del color de una superficie depende la cantidad de luz que refleja y, por ende, la cantidad de calor que absorbe. Cuanto más oscura es, más luz absorbe y más calor produce. El sol del mediodía puede emitir sobre la superficie unos 1000 vatios por metro cuadrado (la media es de 1373 W/m2 según la Organización Mundial de Meteorología). Un objeto negro puede llegar a absorber hasta el 90% de esa energía.

Pero también debemos tener en cuenta la radiación que emite el propio cuerpo al calentarse. Al emitir energía el cuerpo se está enfriando. Una vestidura que se encuentre a 40ºC, está emitiendo radiación en el infrarrojo lejano. Esto implica que cuanto mejor absorbe una prenda la radiación solar, más radiación infrarroja emite. Una prenda negra, será un buen absorbente, pero también un gran emisor (unos 500 vatios por metro cuadrado a temperatura ambiente).

Ahora entenderán por qué la ropa interior que utilizamos en invierno suele ser blanca, o por qué los osos polares tienen su pelaje blanco. El blanco absorbe menos, pero también emite menos calor que el negro, lo que facilita mantener la temperatura interior. Aunque en el caso de los osos árticos probablemente evolucionara a modo de camuflaje para la caza.

Según Jean-Michel Courry y Edouard Kierlik, la energía absorbida por la chilaba negra de un beduino es de 840 vatios por metro cuadrado, mientras que sus pérdidas por radiación infrarroja son de 540 vatios por metro cuadrado. Por lo que existe una ganancia neta de 300 vatios. Si la chilaba fuera blanca, como en ocasiones ocurre en Arabia Saudita o Marruecos, absorbería 650 W/m2 y emitiría en el infrarrojo casi como un tejido negro 530 W/ metro2. Eso último es debido a que la emisión de radiación solo depende de la temperatura que tiene el cuerpo. Pero al final tenemos una diferencia de solo 120 W/m2, que es claramente inferior a los 300 que vimos con el negro. Si midiéramos en ese momento la temperatura superficial de una prenda y de la otra, comprobaríamos que la clara está a 41ºC mientras que la oscura alcanza los 47ºC, ¡seis grados más caliente!


Pese a todo, las chilabas son predominantemente negras, al igual que las tiendas en las que se cobijan en los desiertos. El toldo negro da más sombra que un toldo claro para un mismo grosor del tejido. El problema es que los toldos negros se calientan más. Para evitarlo los beduinos procuran mantener las tiendas siempre abiertas con lo que se genera una corriente de convección. El aire, al entrar en contacto con el cálido toldo se calienta y sube para abandonar el interior de la tienda por arriba. Al hacerlo aspira por la parte interior aire más fresco. De este modo se genera una corriente de convección, provocada por el color del toldo, que mueve el aire como si fuera un ventilador. Y eso, lo consigue, incluso en total ausencia de brisa.

Las túnicas que visten los árabes consiguen crear el mismo efecto de convección, con lo que la temperatura corporal de la persona se mantiene estable en 37ºC, independientemente de la temperatura exterior. Para ello la chilaba no solo tiene que liberar el calor proveniente del exterior, sino que también tiene que refrigerar el organismo, que emite unos 100 W de forma continua.

La transpiración corporal es el elemento que falta para conseguir tal milagro (ver entrada Peludo frente a Desnudo). El cuerpo humano es capaz de evaporar más de medio litro de agua por hora para refrigerarse. Un vestido adecuado puede facilitar el efecto refrescante de la sudoración. Los beduinos llevan una doble chilaba. La que está cerca del cuerpo, suelen ser prendas claras de algodón para que absorban el sudor y no se calienten demasiado. Estas prendas nunca están ajustadas al cuerpo, para permitir el libre tránsito del aire. Sobre esta se sitúa una segunda prenda, también con gran holgura y de color negro. De este modo el aire circula fácilmente entre las dos prendas, evaporando el sudor corporal y refrescando a la persona. El aire caliente generado por la chilaba negra asciende por el interior hasta liberarse por su parte superior, eso facilita la absorción de aire más fresco que entra a la altura de los pies, generando una corriente de convección. El color de las túnicas actúa a modo de motor térmico para mover el aire, como si las chilabas tuvieran un ventilador en su interior.