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30 de noviembre de 2011

LA DUDOSA RENTABILIDAD DE LOS BIOCUMBUSTIBLES

Cultivo de Colza en Alemania.

Un estudio de los economistas de la Universidad Estatal de Oregón (OSU por sus siglas en inglés) cuestiona la posibilidad de que los biocombustibles lleguen algún día a sustituir parte del consumo de combustibles fósiles.

Si se eliminan los subsidios y las promociones para incentivar el consumo de biocombustibles, el biodiesel no resulta rentable. “Nuestros resultados sugieren que las actuales políticas de biocombustibles están siendo muy costosas, pues solo disminuyen de forma insignificante el uso de combustibles fósiles y a cambio, aumentan (en lugar de disminuir), las emisiones de gases de efecto invernadero”. Dijo Jaeger, profesor en el departamento de económicas en la sección de agricultura y recursos de la OSU.

 Los biocombustibles eran vistos inicialmente como una solución para los problemas energéticos y medioambientales, comenta Jaeger, porque el dióxido de carbono que emiten cuando son quemados es equivalente al que han absorbido de la atmósfera cuando las plantas estaban creciendo. Así, se asumía que los biocombustibles no añadían emisiones contaminantes a la atmósfera. Lo que dotaba a su consumo de un aura de ecologísmo.

Pero la realidad es más compleja, según Jaeger, en parte debido a que los biocombustibles son producidos y transportados utilizando combustibles fósiles. Por ejemplo, los fertilizantes nitrogenados, obtenidos a partir del gas natural, son necesarios para que crezca el maíz del que obtenemos el metanol. Adicionalmente, la producción de biocombustibles suele substituir a la producción de alimentos para consumo humano en la competencia por las mejores tierras de labranza, dejando menos tierras libres para tal fin. Cuando se limpian nuevas tierras para el cultivo de maíz, se puede liberar carbono que se acumuló durante largos periodos de tiempo en el suelo y la vegetación. Lo que aumenta, en lugar de disminuir, la liberación de gases de efecto invernadero.

Estos efectos colaterales suelen ser pasados por alto en las políticas gubernamentales encaminadas a conseguir la substitución de un determinado número de litros de combustibles fósiles por biocombustibles.

Los investigadores de la Universidad de Oregón estudiaron fundamentalmente los biocombustibles más usados en el mundo: etanol de maíz (USA), biodiesel de soja, etanol celulósico, biodiesel de colza (Europa), y etanol de caña de azúcar (Brasil). Evaluaron de este modo las distintas opciones en términos de su contribución a la reducción de combustibles fósiles y gases de efecto invernadero. También compararon el coste de usar biocombustibles respecto a la rentabilidad de implantar dos políticas alternativas: el incremento de los impuestos a los combustibles y/o la implantación de mejoras de eficiencia energética.

El resultado indica que todos los cultivos de biocombustibles eran mucho menos rentables que la implantación de las políticas alternativas de reducción del consumo de combustible y de gases de efecto invernadero. “Cada dólar gastado en programas de eficiencia energética es 20 veces más efectivo en reducir el consumo de combustibles fósiles y gases de efecto invernadero que un gasto similar en programas de producción de etanol del maíz!", afirma Jaeger. “Aún más, un incremento de impuestos a las gasolinas es 21 veces más efectivo que promocionar el cultivo de etanol celulósico”.

 Total, se ha estimado que la producción de biocombustibles en Estados Unidos podría costar entre 20 y 31 veces más que una mejora en la eficiencia energética que redujera el consumo de combustible en tan solo un 1%. El estudio concluye que combinar una política de subida de impuestos a los carburantes con una mejora de la eficiencia energética, podría reducir la utilización de combustibles fósiles en USA en más de un 15% (un 35% para el caso del petróleo).

Todo el montante de biocombustibles actualmente en producción en los Estados Unidos solo pueden reducir el consumo de combustibles fósiles en un 2.5%, o el mismo porcentaje que se lograría con un incremento de 25 céntimos por galón (3.8 litros de gasolina) en los impuestos. Pero a un coste estimado de 67.000 millones de dólares para los biocombustibles, comparado con los 6.000 millones que supondría el aumento de impuestos a la gasolina.

En el estudio no se han tenido en cuenta otros factores medioambientales negativos como el aumento de precios de los alimentos, la contaminación de acuíferos, o la reducción del agua disponible para otros cultivos.

Pueden consultar el informe completo aquí:
http://ir.library.oregonstate.edu/xmlui/bitstream/handle/1957/25614/JaegerWilliam.AgResourcesEconomics.BiofuelEconomicsSetting.pdf?sequence=1

2 de agosto de 2011

MÉTODOS de CAPTURA de CO2



El futuro de nuestro planeta pasa por prescindir del uso de ciertas fuentes energéticas extremadamente contaminantes como el carbón. Pero, siendo realistas, eso es más un deseo que una realidad, y lo seguirá siendo en un futuro previsible. La única alternativa que nos queda entonces es idear un método para capturar el CO2 antes de que escape a la atmósfera por las chimeneas de las centrales térmicas de carbón, las cementeras y en la industria metalúrgica.

Para ello hay que desarrollar las tecnologías necesarias para su captura. Si se consigue una técnica efectiva y económica, podría replantearse el uso del carbón en la mayor parte de países occidentales. Que son los únicos reacios a aumentar el papel que desempeña el carbón en el mix energético. (ver entrada sobre el carbón y China).

Esta meta ha movilizado a numerosos equipos de investigación por todo el mundo. España no ha sido una excepción. Dos grandes centros de investigación trabajan en esa línea: el Instituto Nacional del Carbón (INCAR), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Y el más reciente Centro de Captura y Almacenamiento de la Fundación Ciudad de la Energía (Ciuden), en el Bierzo (León).

Se está investigando en tres procedimientos de captura de CO2: la postcombustión, la gasificación integrada con captura de CO2, y la oxicombustión. Analicémoslo por separado:

1. Postcombustión: Consiste en retirar el CO2 de la corriente de gases mediante procedimientos químicos. Esto se puede hacer en una torre de lavado en la que se inyectan aminas (compuestos químicos orgánicos derivados del amoniaco), que forman un compuesto poco estable con el CO2. Posteriormente, el compuesto se somete a tratamiento térmico, con lo que se liberan dos corriente, una rica en CO2 y otra con las aminas, que se reciclan en el proceso.

Se trata de un proceso muy probado, porque es el que se utiliza para la producción de amoniaco y urea. El problema es utilizarlo en los intensos caudales de las chimeneas de las centrales térmicas. Esto modifica la presión y la temperatura del proceso que pasa de 60ºC a 200ºC.


2. Gasificación integrada: Se trata de utilizar el carbono del carbón para producir una mezcla de gases compuesta por CO2 e hidrógeno, que posteriormente hay que separar por diversos procedimientos para obtener dos corrientes diferentes, una rica en CO2 y la otra con hidrógeno. Si se consigue purificar suficientemente el hidrógeno puede utilizarse en los automóviles de pila de combustible, permitiendo avanzar en la economía del hidrógeno. En caso de que no se logre obtener la pureza adecuada el compuesto rico en gas hidrógeno se puede quemar en turbinas de gas para obtener energía eléctrica extra. Esta opción se está estudiando por parte de la empresa Elcogás en su central de Puertollano, donde incluso se ha creado una planta piloto para desarrollar esta tecnología.


3. Oxicombustión: Es un proceso previo al quemado del carbón, en el que se utiliza directamente oxígeno en lugar del aire para el proceso de combustión del carbón. De este modo se elimina la presencia de nitrógeno que supone el 78% del aire atmosférico. Eso elimina gases en la salida de la chimenea con lo que el CO2 se encuentra mucho más concentrado. Y, por otro lado, la combustión resulta mucho más eficiente al haber más oxígeno disponible. El problema radica en las altas temperaturas que puede llegar a los 1.500ºC debido al aumento del rendimiento en la combustión. Puesto que esas temperaturas son extremadamente difíciles de gestionar, se reinyectan los gases de escape (CO2 y vapor de agua) con el fin de viciar el proceso y disminuir la temperatura en la caldera.

Si cualquiera de estos metodos demostrara en un futuro su viabilidad comercial podríamos entrar en otra nueva era para el carbón.